Por: Jairo Tarazona

cuando hablamos del sur de Bolívar, siempre se hace referencia a la violencia, ataques de grupos guerrilleros y paramilitares, masacres, paros y desorden público, pero hoy, luego del desmonte de las autodefensas, el acuerdo de paz con las FARC y el proceso de diálogo con el ELN, esta región del país ha cambiado, sus gentes pueden transitar tranquilamente, comercializar sus productos y vivir en relativa calma.

Llegar a esta zona no es fácil, hay que ir primero hasta Barrancabermeja, embarcarse en una lancha en el puerto sobre el Río Magdalena rumbo a San Pablo y de allí tomar un vehículo hacia el destino final atravesando caminos fangosos y vías destapadas, aunque por fin muchos lugareños empiezan a ver por primera vez en su vida una carretera principal que está siendo terminada.

Un plan para los próximos años

Desde los siete municipios que hacen parte de esta región, llegaron hasta Santa Rosa, líderes y representantes de San Pablo, Simití, Arenales, San Martín de Loba, Morales y Yondó, quienes bajo la coordinación de la Agencia para la Renovación del Territorio y la Unidad de Víctimas se juntaron en la casa del adulto mayor para concretar las propuestas que el pasado miércoles le presentaron al Presidente Santos, en el marco del primer Plan de Desarrollo con Enfoque Territorial contemplado en los acuerdos con las FARC, que busca resarcir a las poblaciones afectadas por el conflicto armado.

Nélida Ayala ha vivido toda su vida en San Pablo, es víctima del conflicto, actualmente es líder social y pertenece a la Red de Mujeres. Recuerda las tres tomas guerrilleras que hubo en San Pablo y varias en otros municipios como Simití, Santa Rosa y corregimientos aledaños. “Soy siete veces víctima de todos los grupos al margen de la ley, fui desplazada, fui secuestrada, mejor dicho ni para que menciono”, dice con resignación pero con voz recia.

Cuenta que hace 10 años la situación en el sur de Bolívar era terrible, “no podía tener uno tranquilidad y los campesinos vivíamos en completar zozobra, pero ha cambiado porque ya se aminoró el conflicto, no podemos decir que ha terminado, pero se aminoró y tenemos una esperanza que vamos a lograr la paz total, estamos en el postconflicto, aunque sabemos que hay grupos que no quieren la paz pero estamos tratando que eso se va lograr”, relata Nélida.

No somos ilegales

María de los Ángeles Otálvaro viene del Corregimiento los Canelos de Santa Rosa, hace parte de la mesa municipal y preside una organización de víctimas, padeció abuso y violencia sexual por parte de miembros de grupos de autodefensa. “Yo fui víctima de los paramilitares pero habría quedado satisfecha que en los acuerdos con ellos hubiera habido más garantías y reparación y que dijeran donde están nuestros familiares desaparecidos y dónde quedaron”.

Agrega que vino al pueblo con el anhelo de conocer al Presidente y darle las gracias por los ocho años que ha gobernado porque “se ha mirado el cambio, queremos que el gobierno que sigue continúe los acuerdos de paz, que no los deje caer, que lo siga”.

Cuenta que los campesinos del sur de Bolívar viven del café y la agricultura pero también de la minería artesanal del oro que para el gobierno es ilegal. “Si es ilegal entonces que nos traigan un mecanismo o nos traigan maquinaria para que nosotros podamos ejercer la minería de una manera legal”.

María de los Angeles es consciente que la minería ocasiona problemas ambientales y está acabando con los ríos. “El Estado nos dice que no sembremos coca que van a dar la sustitución de cultivos, así como se hicieron proyectos para erradicar, entonces que nos den mecanismos para hacer una minería limpia, sabemos que estamos haciendo el daño pero es una manera de sacar nuestra familia adelante porque estamos abandonados”, enfatiza la líder.

Pide que no vendan sus territorios para que otras compañías exploten el oro. “Nos molesta que nos llamen ilegales, nosotros los campesinos, como lo pueden ver en estos ejercicios, tenemos el compromiso, dejamos nuestros hijos, venimos en mula, a pie, con pasajes prestados porque queremos dar el paso. El Estado nos manda a sembrar yuca y plátano, pero no nos dan para sacar los productos, para exportarlos”, acota María de los Ángeles.

No quieren que vuelva la guerra

Salvador Alcántara es uno de los líderes más reconocidos del Sur de Bolívar, es pastor cristiano, desde hace décadas ha padecido el rigor de la violencia y de la guerra, tiene la malicia del campesino al que le han prometido todo y nada le han cumplido. Es desconfiado y habla sin pelos en la lengua, en una zona donde hablar mucho y fuerte puede costarle la vida, pero él ya no le teme a nada.

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Sin embargo, no oculta su preocupación por una eventual arremetida de violencia en la región después de la posesión de Iván Duque. “A nosotros nos asusta, sentimos una preocupación inmensa, pero también esperamos que a través de la comunidad internacional se pueda lograr un cambio y que ojalá el nuevo presidente se ponga la mano en el corazón y sepa que el desarrollo en el aérea rural, no solamente es la agro industria, sino lo que hace del campesino de una manera artesanal, conservando el medio ambiente.

Salvador subraya que aunque los paramilitares se desmovilizaron a final del año 2006, para ellos la desmovilización no fue real. “El gobierno les cambió el nombre, ya no se reconocen como paramilitares para decir que no hay, para eludir responsabilidades les puso el nombre de Bacrim y ellos siguen aquí en la zona, nosotros estamos sintiendo esas pisadas de animal grande, anteriormente se sabía quién era el jefe máximo, hoy no se sabe quiénes están detrás pero están entre nosotros”, dice en modo de advertencia el líder social.

Reconoce que en los últimos años la violencia ha disminuido, pero acota que para los líderes sociales la situación ha empeorado. “Nosotros somos el blanco hoy de estas fuerzas oscuras que están en contra de quienes estamos reclamando derechos y que la forma de callarnos es quitándonos la vida”

Alcántara enfatiza que la única forma para que haya verdadera paz es que el Gobierno haga una fuerte inversión en educación, salud y tierras. “El sueño de nosotros es que en estos 10 años haya de verdad esa transformación rural en esta zona y esperamos que esa inversión sea real en vías vivienda, soberanía alimentaria. Si eso se da puede haber paz, el gobierno puede estar hablando desde el escritorio pero en la realidad debe darse en los territorios”, sentencia Salvador.

Tanto él, como doña Nálida y María esperan que el Gobierno del Presidente Iván Duque continúe la implementación de los acuerdos de paz con las FARC y las negociaciones con el ELN para que el sur de Bolívar se convierta en una región pujante que deje para siempre la violencia y la guerra que ha padecido durante décadas.

Fuente
Sistema Integrado de Información